APORTE DE LOS SACERDOTES EN LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ
Fueron numerosos los miembros del clero que militaron en las guerrillas, partidas o montoneras que pugnaban por la independencia; entre otros religiosos figuraron Sebastián Guillén, que ostentaba el grado de capitán y perteneció a las guerrillas de Tadeo Tellez; José Estanislao Cárdenas, con el cargo de capitán y capellán de las guerrillas de Comas en Huancayo; Manuel Arancibia, capellán del batallón ¨Huánuco¨, Francisco Paula Muñoz, que se titulaba ¨capitán al servicio de la Patria¨, Julián Urquieta, cura interino de Pomacocha y capellán guerrillero a órdenes de Isidoro Villar, Mariano Márques, el cura indio Mariano Mamaris, Jorge Durán, Melchor Cáceres, Clemente Jara; Manuel Bayona, capitán de las partidas huarochiranas.
Con relieves propios destacó la figura de fray Bruno Terreros. Los testigos que lo vieron recuerdan haberlo visto llegar, vestido de coronel, a la iglesia de San Francisco, seguido de sus guerrilleros y que, apeándose con gran agilidad, se dirigió a la sacristía, de donde salió con sotana, celebrando misa en el altar de la Purísima, con no poca murmuración de beatas y conventuales. Cuentan, así mismo, que fray Bruno Terreros trataba sin misericordia a los españoles que tomaba prisionero y que su máxima era: "De los enemigos, los menos".
Otro de los más activos religiosos fue Pedro José Bernuy, ¨cura castrense, capellán de las guerrillas de Jauja¨, colaborador de Bruno Terreros, que mantuvo correspondencia con San Martín. Destacó también el cura de Chavín de Pariaca, Pablo Marticorena, patriota decidido desde antes de la llegada del Libertador. En Cangallo y Huamanga, el cura Felipe Velasco y el presbítero José María Delgado, cura de la doctrina de San Mateo de Sayán, quien a la llegada de San Martín, formó tres compañías de cien hombres cada una, sirvió con ellas bajo las órdenes de Otero y fue condecorado con la medalla de las guerrillas; también el dominico fray Joaquín Requejo, que figura con José Urbiola, en noviembre de 1822, en el encuentro de las inmediaciones de Parco con la partida 6ta de los Constantes de Jauja; otro fue el licenciado Juan José Morales Ugalde, capitán de las guerrillas de Cayetano Quiroz.
Destacada fue la figura del cura de Sincos, Manuel José del Burgo. Él era hijo del general Manuel Francisco del Burgo, caballero de la milicia de Alcántara; se graduó de bachiller en la Universidad de San Marcos y concluyó estudios de abogacía, dilatando su grado por un viaje imprevisto. A su retorno de España, conspiró al lado de los patriotas limeños, figurando entre los 11 párrocos que ofrecieron su adhesión a San Martín apenas proclamada la Independencia. Desde 1821, participó con denuedo y valentía en la lucha guerrillera; su carácter conflictivo y tal vez su propio origen social, le granjearon problemas con muchos jefes de guerrillas.
Otro religioso de particular interés fue Gavino Uribe Villegas, típico cura provinciano, con estudios académicos graduado de abogado. Llegó a formar tres escuadrones de a caballo, preparó estados militares, planes topográficos, actuó como espía o emisario de San Martín y estuvo en las conjuras iníciales con Francisco Vidal. Su ingreso a la acción guerrillera se inició en abril de 1821, cuando reunió en Aija una primera partida de 100 hombres, engrosada con los nativos de las parroquias aledañas, derrotando en Cotaparaco a los realistas evadidos de Huarmey. Más tarde formó otra partida de 1,000 voluntarios y los acuarteló en las cordilleras de Lauricocha, hostilizando sin tregua al enemigo. Tadeo Téllez, en oficio del 30 de abril de 1821 dirigido a San Martín, le informó del encuentro de Sayán y la derrota de los contrarios, elogiando el denuedo de Uribe. Al pasar los años, alcanzó la dignidad de Canónigo Doctoral de la Metropolitana de Lima y con ella, merecida distinción..
De contornos heroicos son las figuras del presbítero Antonio de la Cerna y de Lorenzo Sánchez de Ribera. El primero fue apresado en Cerro de Pasco y fusilado por Barandalla el 6 de noviembre de 1822, según Paula Otero ¨por no haber querido descubrir donde se hallaba la magnífica custodia del pueblo¨. Otero agregó que lo ¨hicieron andar por todas sus correrías a pie, sufriendo el más atroz trato¨.
El licenciado Lorenzo Sánchez de Ribera a su vez, fue víctima de cruentos tormentos por repartir proclamas; los partes guerrilleros no vacilaron en calificarlo de mártir. El 7 de enero de 1823, lo fusilaron por orden de Lóriga, sin que valiesen los pedidos de perdón del Vicario del Partido, del Guardián de Ocopa, los de toda Jauja, ni la cantidad de cuatro mil pesos que ofrecieron los vecinos. Los relatos del hecho certifican que ¨le rasparon las plantas de las manos y quitaron la corona con carnes desde los huesos y casco de la cabeza, en forma capaz de enternecer el corazón más insensible¨.
Estas son algunas referencias que hemos podido encontrar; urge propiciar la investigación sobre la participación de los sacerdotes en el proceso de independencia del Perú y así poder vislumbrar el verdadero valor y aporte de ellos por nuestra emancipación. ¡Viva el Peru!
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